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Muchos mundos
Sergio Sastre
Hay otro mundo muy cerca del que conocemos, un mundo que transforma las experiencias en ficciones, y al que hemos puesto el nombre de literatura. En manos de Hilario J. Rodriguez ese otro mundo se nos presenta con una forma tan familiar, tan parecido al de la realidad, que el lector no tardará en sospechar que entre el tono autobiográfico y confesional de esta obra también se esconda una pluma literaria que va salpicando el texto con ficciones.
En El otro mundo un hombre viaja con su familia a Nueva York. Allí tratará de escribir una novela. El hombre se llama Hilario J. Rodriguez, el de la novela y el de la realidad comparten nombre y pasado, y la novela que proyecta quizás sea la que ahora tenemos entre manos.
América fue conocida tras su descubrimiento por los europeos como el Nuevo Mundo. Acaso todo viaje sea una inmersión en otro mundo, donde pronto nos dejamos sorprender por las diferencias de carácter y de costumbres. Pero la narración de Hilario J. Rodriguez es multiespacial, por darle un nombre a la confluencia de lugares desde los que escribe: Londres, Galicia, Extremadura, Barcelona, Guadalajara, Marruecos, Sudan… y Nueva York, que como toda gran ciudad multicultural es una confluencia de todos ellos. De esta misma forma se nos presenta también el propio narrador, como una confluencia de recuerdos, de historias oídas y contadas, de viajes, de literatura (el siempre presente Sebald), de anécdotas diarias, de noticias periodísticas, de películas y hasta de objetos encontrados por azar (una camisa o una carta equivocada).
Cada uno de sus 48 episodios cortos va extendiendo sus ramificaciones a otros lugares del libro, en una espesa maraña de conexiones y sinapsis, que solo tomando la justa distancia dan la forma final del mismo. Este gusto por deleitarse en las asociaciones de ideas se desarrolla también dentro de cada capítulo, de tal forma que se hace natural, por ejemplo, pasar entre párrafo y párrafo por la violencia de un huracán de Florida, por una postguerra europea de ciudades bombardeadas y por un hogar de malos tratos y mudanza atropellada, saltar de un episodio de contrabando en la frontera de Extremadura con Portugal a una selva africana, de los alcohólicos de un parque neoyorquino a la costumbre de los padres sudaneses a regalar relojes de oro a sus hijos, o que en cualquier momento un huracán procedente de Miami, en forma de hombre violento, aparezca de pronto en Nueva York para destrozarte la casa.
El otro mundo está poblado de personajes nómadas, emigrantes, viajeros, a medio camino de hacerse un hogar en cualquier parte y de sentir que uno ya ha perdido para siempre la oportunidad de tenerlo, son vidas a la deriva, en continuo movimiento, empezando con el propio autor/narrador del libro, que a lo largo de sus páginas nos va contando sus múltiples mudanzas y variadas residencias. Quizás el mundo sea el mismo para todos, pero hay otra forma de verlo, cuando uno va tocándolo por diversas partes, palpando diversos lugares, hasta tal punto, que son los sedentarios quienes pueden llegan a convertirse en personas de paso para quien no deja nunca de moverse.
Cuando uno observa el mundo desde otra perspectiva, ya sea a través de la literatura, o del viaje, lo transforma en otro mundo, y esa otredad, esa forma de querer mirarlo desde fuera, no tardará en mostrarnos que las posibilidades de observación son múltiples, si no infinitas. Ese otro mundo es este mundo, cuando se comprende que no hay uno ni otro, sino confluencia de muchos.
El otro mundo es una novela multifocal y multicultural, que narra dicha complejidad con sencillez y naturalidad. Una mirada cercana con la que asomarse al mundo contemporáneo.
El otro mundo
Hilario J. Rodriguez
Ediciones del viento, La Coruña, 2009
