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Kafka Nº 07
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La Carta

Araceli Esteves Castro

No hace falta que te arregles tanto, dice María, dándole otro mordisco a la media luna de hojaldre. Sentada sobre la cama, guarda en el delantal las finas láminas que se desprenden del dulce, como costras de arena. Mientras, Conchita se acomoda el vestido delante del espejo del armario.
Hay que dar buena impresión, mujer, después de lo bien que se han portado con nosotras. ¿Tienes la carta?
Pues claro que sí, mujer, la tengo en el bolso desde el día que llegó. Y deja ya de mirarte al espejo, que te vas a gastar.
Mientras Conchita termina de atusarse el pelo, María mira la baldosa sobre la que se apoya una pata del armario de tres cuerpos. La forma caprichosa de la mancha, la vieja cara barbuda que ha visto desde niña, hoy muestra una mueca distinta, más relajada.
Cuando entran en el banco, las recibe el director de la sucursal, un hombre grueso de camisa a rayas tensada sobre una barriga globo. Apoya su mano sobre un hombro de Conchita mientras las acompaña hasta su despacho.
Buenos días, señoras. ¡Cuánto tiempo sin verlas por aquí! ¡Pero qué guapas están! ¡Cada día más jóvenes! ¿Va todo bien?
Habla como si le importara la salud de las hermanas, con el tono de voz de un pariente preocupado.
Buenos días- dice Conchita- estamos bien, gracias. Venimos por la carta.
Nos va a venir muy bien ahora que mi hermana y yo volvemos al pueblo.
Le tiende el sobre, doblado por la mitad exacta, y el director saca con cuidado un folleto de su interior. “En Bancamed pensamos en usted” resalta en letras negras sobre un fondo azul turquesa, el mismo azul de la tapicería de las sillas, de los paneles que separan las mesas, de los bolígrafos y de las carpetas. En un cartel del folleto, un hombre sostiene en su mano unos billetes de quinientos euros con los que se tapa medio rostro. Sonríe feliz, mostrando una hilera de dientes blanquísimos. La frase “Tenemos 6.000 euros para usted” está impresa en letras grandes sobre la imagen.
Desean entonces pedir un préstamo? les dice el director calcando la sonrisa del hombre del folleto.
No, no, muchas gracias. Con los 6.000 euros que tienen para nosotras es suficiente, contestó Conchita. Estamos muy agradecidas. Ahora podremos arreglar la casa del pueblo y poner camas nuevas. No lo creerá, pero aún dormimos en las mismas que teníamos de niñas.