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Y más allá de la literatura
Segundo Tercero Iglesias
1. 20 de octubre de 2009. Me encuentro en El País con un reportaje de Javier Rodríguez Marcos titulado El Premio Literario que no Cesa. Pienso, sin pensar mucho (pues soy consciente de que en el excesivo tiempo que tenemos, ocho minutos, se pueden decir demasiadas tonterías si a uno le da por pensar largamente), que lo que puede unificar a todos los escritores (además de escribir, obvio, aunque no tanto) de aquí y de allá, o de ambos lados, son los premios: por su ausencia, por su presencia, por su búsqueda, por su rechazo etc. da igual la actitud ante ellos, la cuestión es que siempre existe cierta actitud.
2. Fernando Iwasaki acaba de publicar el libro Aparta de Mí estos Premios, que abre con las bases de un concurso literario al que le siguen una serie de relatos y se cierra con el acta del mismo. Según escucho al autor en el programa de Fernando Sánchez Dragó en Telemadrid (la soledad de los domingos por la noche puede ser muy perjudicial) el libro se inspira en un cuento de Roberto Bolaño, Sensini, en el que un escritor joven inicia una correspondencia con otro escritor (mayor y de una trayectoria literaria reconocida) tras la sorpresa de coincidir con él como segundo y tercer accésit de un mismo concurso literario de provincia. Y éste, Sensini, que es experto en participar en ellos, le anima a seguir en esa senda. Casualmente, en este cuento, se hace alusión a sendos concursos literarios de nuestra región, uno de Plasencia y otro de Don Benito.
3. En una entrevista a Bolaño en Chile el periodista le pregunta si ese cuento y el escritor Sensini tienen alguna correspondencia con la realidad. A lo que responde que sí, que lo que narra aconteció, y que Sensini “Es Antonio Di Benedetto, que es uno de los grandes escritores argentinos, y uno de los grandes Latinoamericanos, y Benedetto hizo eso en España, porque no tenía dinero”.
4. El concurso literario de provincias en el que Roberto Bolaño y Antonio Di Benedetto participan, y del que surgió Sensini, era el I Premio Alfambra de Cuentos, Patrocinado por el Ayuntamiento de Valencia. Dice Bolaño: “La segunda mención era de Antonio di Benedetto, y a mí eso me dejó tocadísimo, cómo es posible que Antonio Di Benedetto, un grandísimo escritor, traducido casi a todas las letras esté tan mal como para mandar un cuento a un concurso de provincia… Y el cuento surge de eso, de los motivos que podían impulsar a un crak de primera división a jugar en campos de tierra pelada de cuarta regional preferente”.
5. Continúa Bolaño: “Pienso en Sensini, y Sensini, más que un cuento, propiamente un cuento, es una instalación, el cuento Sensini, si no gana el premio que ganó era impublicable. Sí, la apuesta literaria de Sensini no se cumplía al 100% en la escritura de la obra, la apuesta literaria se cumplía ganando un premio que era darle la vuelta total a lo que en la obra se estaba contando, pero ganar un premio real… es un cuento de darle a una sola cosa que aparentemente tiene un solo significado muchos significados”. Obtuvo el Premio de Narración Ciudad de San Sebastián patrocinado por la Fundación Kutxa.
6. El cuento con que Bolaño consiguió el tercer accésit y a través del cual comenzó toda esta intrahistoria se llama El Contorno del Ojo. Diario del Oficial Chino Huo Deng, 1980, donde encontramos lo siguiente: “Desde las cinco de la mañana hasta las doce he permanecido sentado en el suelo, desnudo, intentando pensar. Es difícil; a veces el cuerpo parece un agujero y todo lo demás, las ideas, las palabras, los descubrimientos, se asemejan a las joyas, hermosas pero innecesarias”.
7. Innecesarias pero tan necesarias. Di Bendetto fue secuestrado y preso por la Junta Militar pocas horas después del golpe militar del 24 de marzo de 1976, estuvo retenido durante diecinueve meses, sufriendo cuatro simulacros de fusilamiento y reiteradas palizas. Según cuenta Adelma Petroni, amiga de éste, al no poder escribir porque le rompían todos los papeles, inventó una estrategia: “Me mandaba cartas donde decía: Anoche tuve un sueño muy lindo, voy a contártelo. Y transcribía el texto del cuento con letra microscópica (había que leerla con lupa)”.
8. El compromiso de Di Benedetto con la escritura, nos trae a la memoria, de la mano de Sensini, a Rodolfo Walsh y a Haroldo Conti.
Rodolfo Walsh fue perseguido y asesinado el 25 de marzo de 1977, el día después de escribir Carta Abierta a la Junta Militar. “La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años”.
Haroldo Conti, secuestrado en 1976 por la dictadura militar y hasta hoy desaparecido. “¡Me han pasado tantas cosas! He padecido tantos abismos. En fin, yo siempre digo, en un cuento inclusive, que la vida es una especie de borrador que uno nunca termina de pasarla en limpio. Y mi vida es un perfecto borrador, bien borroneado, bien tachado, vuelto a reescribir, nunca completo, nunca terminado. Soy muy sentimental, las cosas me tocan muy a fondo”.
9. La admiración de Bolaño por Di Benedetto, y la correspondencia presente en Sensini que refleja cercanía, comprensión y aprecio mutuo, debería enseñarnos y recordarnos a todos lo importante y no tanto las cosas que se suponen importantes. En este sentido, el cuento tiene además enormes paralelismos con la relación del primero con Enrique Linh, poeta chileno, entre otras muchas cosas.
10. Bolaño cuenta: “Mi cariño por Linh, cariño que voy a sentir toda la vida por Linh, es más de carácter personal, aunque nunca lo conocí, que de lector, que es fácil. Mi relación con Linh fue en una época en que yo estaba muy mal, pero muy mal, realmente mal, vivía solo, en una casa poco menos que perdida en un bosque, era casi ideal para suicidarse, y yo escribí a Linh pensando que jamás me iba a contestar, y Linh me contestó una carta larguísima, interminable, y además toda la carta estaba retándome, era increíble. Yo pensaba, pero qué he hecho a este hombre para que me conteste de esta manera, y hablaba de todo y yo le volví a escribir, y empezamos a escribirnos una correspondencia no muy larga pero bastante profunda, realmente muchas muchas cartas. Y Linh tuvo la enorme amabilidad de escucharme… Bueno, se portó conmigo de una manera tan generosa, de una generosidad como sólo pueden tener los grandes poetas, el no sabía cómo estaba yo pero evidentemente a mí me salvo la vida”.
11. Para que nadie diga que me he olvidado de los premios, que por ahí comenzamos, le comenta un periodista a Bolaño: “Tú mantuviste una relación epistolar relativamente intensa con Linh, Linh incluso creo que una vez te dio un premio”. Y éste responde “Yo creo que Linh inventó un premio, o bien me dijo a mí, me mintió, y me dijo te ganaste un premio, y yo era el jurado y yo te lo di, o preferiría creer que Linh inventó el premio, un premio fantasma donde no había dinero, no había publicación, no había nada… Sólo una carta de Linh diciendo te has ganado un premio”.
12. Tras la muerte de Bolaño, por enfermedad hepática y a la espera de una operación de trasplante de hígado, el poeta Nicanor Parra se manifiesta con un solo verso, quizá una sentencia: “Le debemos un hígado a Bolaño”.
13. En un artículo del citado Fernando Iwasaki, del 5 de abril de 2008 en ABC, que hace alusión a la última intervención de Bolaño en público, en un congreso en Sevilla en el que debía hablar sobre La Nueva Literatura Latinoamericana (¿les recuerda algo?), dice Iwaski “El mexicano Jorge Volpi rescata un episodio de aquellos días en su libro de ensayos Mentiras Contagiosas (2008): «En Sevilla, en el congreso de jóvenes escritores al que asistió en 2003 y que terminaría por ser su última aparición pública, un escritor joven se acercó a Bolaño, el maestro indiscutible, el sabio y el aeda, y le preguntó con ingenuidad y veneración y respeto qué consejo podía darle a los escritores jóvenes, no sólo a quienes estaban allí reunidos para escuchar sus profecías, sino a los escritores jóvenes de todos los países y de todas las épocas. Y Bolaño, que siempre buscaba desconcertar a sus interlocutores -y en especial a los críticos- respondió algo como esto: les recomiendo que vivan. Que vivan y sean felices. A sus fanáticos más recalcitrantes, a aquellos que lo veneran como al nuevo demiurgo de la literatura, quizás les moleste esta anécdota verídica (muchos testigos podrían comprobarla). A mí me fascina. Bolaño intuía que iba a morir muy pronto y susurraba que, más allá de la fama y más allá de los libros y más allá de la literatura, está eso: la vida”.
