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Kafka Nº 07
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Sustituir estar

Juan Manuel Macías

Las parcelas en poesía pueden ser tan legítimas como improductivas. Hay algo extraño, un grado de resistencia al escrutinio y la clasificación, una sutil memoria de lo uno entre la aparente diversidad. La poesía tiende a zafarse como un Houdini cualquiera de los prejuicios o de los prefijos. A veces la parcela no es más que una solitaria línea divisoria entre dos territorios irreconciliables en un juego de dualidad muy practicado a lo largo de la atribulada historia de la literatura. ¿Cómo no recordar ese culteranismo versus conceptismo del siglo de oro, periódico duermevela de tantos bachilleres? Ensayemos otro cisma para la derrota. Podemos hablar, en efecto, de una poesía generosa en imágenes y metáforas, acaso irracional (¿es racional el arte, aunque se valga de la razón?), frente a otra lírica donde el pensamiento y los recursos narrativos ejercen su peso hegemónico. Distraídamente, situaríamos a ese lado de nuestro muro el libro Sustituir estar de Julián Cañizares Mata (Albacete, 1972), publicado el pasado año en DVD Ediciones. Y digo distraídamente, porque a la vuelta de los años y los escarceos filológicos de todo tipo uno sigue sin tener muy claro qué son las imágenes o las metáforas. Y, ni mucho menos, me atrevería a decir qué es el pensamiento o qué entenderíamos por narración. Y lo peor de todo, puedo declarar una gran ignorancia acerca de dónde termina y empieza un engranaje u otro en la maquinaria del poema.

Vistas así las cosas (o no vistas), volvemos a reencontrarnos en este notable volumen la eterna materia poética que nos acecha con todo su misterio, en este caso bajo la delgada corteza de una meditación de sesgo vagamente existencialista. Heráclito no asombraba tanto al auditorio por sus terminantes conclusiones, sino por la música con que templaba su vértigo. De igual forma, este nuevo poeta de la mudanza pastorea los cauces de su personalísimo río a través de una serie de fábulas donde lo cotidiano, descrito sin estridencias ni poses figurativas, nos muestran (le muestran) su más descarnada tramoya.

Las fábulas giran, se suceden, en torno a un título que ya de por sí nos inquieta, un sintagma poliédrico, dos infinitivos mitad sentencia, mitad soniquete de gramática escolar. El primer infinitivo se conjuga con pertinaz recurrencia poema a poema. El segundo, apenas se intuye, como un sordo contrapunto. Y entre medias, cosas, muchas cosas: telas, fábricas, bosques, playas, horizontes, dudas, adverbios, patos. No nos tocan tanto como símbolo sino como volúmenes evidentes, nítidos, palpables. Palabras objeto (podríamos llamarlas) que se intercambian su espacio en el mundo y en el pensamiento con un ritmo frío, preciso e indiferente.  ¿Qué cosa queda por encajar en ese discurrir? Evidentemente, el espectador-poeta que levanta acta, impregnando de una inusitada humanidad, también humanismo, todo el proceso. Este personaje mira casi siempre desde la terraza de un bar. Naturalmente, no podía haber elegido mejor escenario para ubicar la más extraña de las cosas que acontecen en el libro, la voz que dice, por ejemplo, "Yo estoy en la terraza, yo soy el que gira, / no cambia, no desaparece..." Y, más adelante "Sencillamente estaré, porque lo necesito". Bajo la retórica calma que narra o piensa o recuerda o teme, sin énfasis, asoma un tibio esfuerzo de permanecer en uno mismo y no ser una sucesión de identidades o fotogramas, como temía (o nos hizo temer) Hume; un deseo de no verse arrastrado, en suma, por el ciego cómputo con que se suceden los numerosos ríos o las mesas del bar.

Ignoramos lo que Julián Cañizares haya podido meditar sentado en esas mesas. Pero hay un momento en que el pensamiento elige sus palabras y las palabras se zafan del pensamiento, para girar en el vacío como una variación más del mundo. ".. Es la carencia de fuerza / en las palabras que escribimos cuando nos mudamos, / cuando por la ventana entran los cristales de los otros. / Ahí el dolor es como un río bajo el cielo tocándose." Ahí, al otro lado somos nosotros los que estamos sentados junto a él, y leemos sus poemas con una inquietud placentera y cómplice. Tal vez pague su cerveza al camarero y se marche, y nos sentemos entonces en su silla, esperando sin más el momento en que nos sustituyan.

 

Sustituir estar
Julián Cañizares Mata
Editorial DVD, 2009