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Kafka Nº 05
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José Manuel Díez

EL OBJETO Y SU CREACIÓN

               
Hay un hombre sentado en esta silla.
Hace ya mucho tiempo la creó con sus manos.
Pero, ¿le pertenece?

Él mismo, con su esfuerzo,
taló el roble propicio, apuntaló
la homónima madera,
urdió con gran pericia la trama de su asiento.
Pero, ¿le pertenece?

Hay un hombre sentado en esta silla.
Sobre esta silla cumple su descanso.
Sobre esta silla apoya
sus largos pensamientos. Sobre ella
morirá cualquier día.
Pero, ¿le pertenece?

Otro hombre vendrá a sentarse en la silla.

(Poema de La caja vacía)

 

 

 

LOS CONTRARIOS

Tu voz, con su opinión, es respetable.
La contraria, también.
Nunca lo olvides.

Por sobre las palabras se alza el vuelo
de cuanto las palabras nos revelan.
Y este vuelo es plural, de ahí su hermosura.

Debajo del amor, el amor canta
con la misma verdad que el odio mismo.
Y este axioma es preciso, aunque nos pese.

Es por eso que -de manera exacta-
los dioses que inventamos nos inventan.
Y la luz, sin la sombra, no sería.

Afortunadamente,
tu voz, con su canción, es respetable.
La contraria también, con su silencio.

(Poema de La caja vacía)

 

 

 

CONSTRUCCIÓN DEL SONETO

Nos brinda el verso primo chispa escueta
para incendiar sin labios el soneto,
corona del amor y del respeto
del vivo y puro oficio del poeta.

Prosigue la escritura hasta el cuarteto
segundo, que encabalga y se completa
sin alcanzar su ingenio justa meta,
pues a la norma restan dos tercetos.

Así culmina el alma la alegría
de hallar papel y tinta donde abarca
su inspiración la estrofa de Petrarca:

Catorce endecasílabos, poesía
colmada en tal extremo de grandeza
que hasta el punto final cumple belleza.

(inédito)

 

 

 

JUSTICIA POÉTICA

Aguarda este poema a ser escrito
desde el 12 de agosto del 1630.

Aquel día, una anciana
se arrodilló a los pies de la reina de Francia
rogándole piedad para uno de sus hijos,
condenado a la horca por maldecir al rey.

La reina respondió con gesto indiferente:
La ley debe cumplirse.
También yo iría a la horca si maldigo a mi esposo.
La anciana alzo la vista envuelta en lágrimas.
Usted podría hacerlo, mi señora,
pero mi hijo es mudo.

Dos guardianes hicieron que la anciana callara.
La reina dio la espalda y se alejó.

(inédito)