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Kafka Nº 05
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Pesadilla por entregas

Antonio Serrano Cueto

    4:20 a. m. de una noche de agosto. Una mujer se despierta aterrada. Ha sido testigo de un suceso inconcluso, pero de previsible desenlace. Sobre el cuerpo de su amigo el Editor, que duerme desnudo en su cama, acecha la sombra amenazante de unas manos enguantadas. Aunque con dificultad, la mujer logra dormirse de nuevo.
    5:10 a m. Nuevo sobresalto. El corazón al galope. Un coche se acerca despacio, con las luces apagadas, al edificio donde vive el Editor. Desciende un hombre y se dirige al portal. Bajo la pálida luz del ascensor la mujer reconoce al Escritor Desesperado. El espejo duplica sus guantes negros. Se repite que sólo es un mal sueño, y vuelve a dormirse.
    5:50 a m. La mujer casi se ahoga con su grito espeso. El Editor y el Escritor Desesperado conversan sentados en una cafetería. Éste le entrega al Editor un manuscrito, con el ruego de que no lo sepulte en un cajón. “En sus manos encomiendo la obra de toda una vida”. El Editor le responde que en breve tendrá noticias suyas. Por tercera vez la certeza de que es una pesadilla la reconcilia con el sueño.
    6:45 a m. Suena el despertador. La mujer se incorpora en la cama negando bruscamente con la cabeza. Después de años sin dar señales de vida, el Escritor Desesperado, un viejo amigo de los años universitarios, le ha telefoneado para que se vean. Su voz apremia, insiste en que es una cuestión de vida o muerte. Se citan a las 9:00 a m. en la terraza de una cafetería. La mujer escucha la triste historia del Escritor Desesperado: sus continuos fracasos, los años invertidos en escribir un libro inmortal, la necesidad imperiosa del reconocimiento público, su disposición a hacer cualquier cosa, cualquier cosa, por conseguirlo. La mujer se dice que todo es un maldito sueño y que, por tanto, todavía puede cambiar las cosas. Basta con que, llegado el momento, omita que conoce al Editor. Como si no existiera. Así no se verá forzada a organizar una cita entre ellos en esa misma cafetería. Pero justo cuando va a abrir la boca para guardar silencio, suena el despertador. 
    8:40 a. m. La ducha caliente ha llenado de vaho el cuarto de baño, borrando los últimos flecos de la pesadilla. Pero, ya en la calle camino de la cafetería, le sobreviene la angustia. Por primera vez la mujer desea, suplica, que la dejen plantada en una cita.